Este domingo 29 de octubre, tras la ordenación sacerdotal del Padre Fray Ronald Céspedes Jiménez OSA, la comunidad de La Palma de Puerto Jiménez se llenó de alegría con la primera eucaristía de este hijo del pueblo, quien en medio de un caluroso clima fue acogido por sus pobladores con aplausos, lágrimas y flores, minutos antes de que por primera vez presidiera los sagrados misterios.

Durante la homilía, el Padre Joel Antonio Zambrana, sacerdote agustino y compañero de camino vocacional, dijo a los presentes: “quiero agradecerle a Dios que hoy le permite al Padre Ronald celebrar su primera eucaristía […]; decirles a ustedes que recen por nosotros, porque se convierte en noticia el que salió, pero no es noticia el que está trabajando, un avión hace ruido cuando se cae pero hay un montón que andan en el cielo y por ellos nadie habla, por eso, oren constantemente por nosotros y este sacramento que llevamos en unas manos tan frágiles, en vasijas de barro que se nos pueden caer y romper en cualquier momento.”

También, “pido a Dios para que sea un ministerio fecundo, que sea buen sacerdote, que ame a Dios a quien sigue y profesa su fe, y ame a las ovejas a quien sirve, a los prójimos a quien Dios le va a encomendar, para que Dios le de sabiduría en el vivir y en el hacer, siendo servidor según el corazón de Jesús”, precisó al concluir, el Padre Zambrana sobre el ministerio del Padre Ronald.

Este clima de alegría marcó sin duda todas las actividades de aquel domingo, que también nos llevaron a compartir en fraternidad los alimentos junto a la buena música; pero al terminar esta nota, queremos rescatar algunas ideas del poema de doña Hortensia Ulate, poeta de la comunidad, quien con gran sentimiento se dirigiera a los presentes, así:
Casi imposible para mis manos plasmar en palabras,
toda la dicha y felicidad que refleja en el rostro de mis hermanos.
Al contemplar su mirada radiante, su gesto alegre sonriente,
comprendemos que, éste es un día especial y diferente […]
No puede haber nada más placentero que,
compartir con un pueblo entero una felicidad que no compra el dinero.
El orgullo y regocijo que son regalos del cielo.
Al saber que Dios Padre Celestial
tomó como suyo un hijo de esta, pequeña gran comunidad.
Bendito el vientre que sirvió de cuna,
que dio vida sin condición,
donde Dios con amor infinito
depositó una fortuna con su eterna bendición.
Benditas las manos, que arañaran la tierra
para llevar sustento a la mesa,
no sólo alimento el cuerpo,
sino también alimentó el alma para un hijo de la iglesia […]
Dichosos nosotros que hoy tuvimos la oportunidad para estar aquí reunidos.
Hemos visto y oído los propósitos de Dios cumplidos,
en un brote que de nuestra tierra ha salido.
Por tal motivo aquí, y ahora démosle a Dios la gloria
y a nuestro hermano el Padre Ronald. Gracias.
Gracias por hacernos partícipes de tu historia.



