Con el calor característico de la hermosa tierra de Pejibaye, se desarrolló el segundo día de la novena en honor a San Isidro Labrador, en esta ocasión, la visita de Mons. Juan Miguel Castro Rojas nos llevó hasta los campos de frijol y a las plantas empacadoras, sin olvidar el encuentro con la calidez de un pueblo que labra la tierra con amor y fe, como lo hizo el santo que festejamos.

Este delegado de Guagaral, nos contó que el frijol que producen dos veces al año, lo venden a la asociación, organismo que hace posible comercializarlo a un mejor precio, pues de lo contrario, sería aún más difícil poder competir en el mercado. “Se dan dos cosechas por año, se siembra la primera en abril para la inverniz que se cosecha a finales de julio y, la otra se siembra en octubre para estarla cosechando en enero; en sí, el cultivo de frijol son 3 meses desde el momento en que se siembra hasta la cosecha, es un cultivo que nos gusta mucho porque es una forma rápida de hacer dinero, y rápido también estamos comiendo frijoles”, indicó Camacho.

Este clamor, tantas veces conocido, pero quizá no en el mismo número de ocasiones acogido por los responsables de las políticas y condiciones de mercado, sigue brotando como la voz del pueblo, porque “necesitamos por ejemplo que el gobierno tienda la mirada hacia la zona frijolera, a todas las zonas productoras, pero nosotros en el caso de los frijoles, sabemos que estamos alimentando gran parte de este país”, recordó con sano derecho Camacho Umaña. Y es que, las condiciones siguen siendo adversas, “nos afectan los altos precios de los insumos que necesitamos para la elaboración de este trabajo, ahorita estamos viendo cómo vamos a hacer porque el problema es serio, cuando el quintal de abono pasó de doce mil colones a más de cuarenta mil, ahora el galón de gasolina a mil colones el litro es muy difícil”, puntualizó el señor Camacho.

Al mirar lo que hoy se ha logrado, Don Marco Tulio no ocultó su asombro y júbilo, “para mí es un monstruo lo que hoy tenemos, jamás me lo imaginé cuándo iniciábamos, todo esto que se ha logrado es una maravilla, se ha logrado con mucho esfuerzo y con mucho empeño; la asociación se formó con pequeños grupos de productores, mirando la necesidad que teníamos de organizarnos para no vender al mejor postor que nos ofrecía primero buenos precios y luego los bajaban, así tratamos de establecer un mecanismo, mantener los precios desde que se comienza hasta que se termina, para que el productor no viviera con esa incertidumbre”, concretizó.

Al final de este recorrido, el gozo por la presencia del Obispo que se desplazó por en medio de las fincas, sin temor al lodo característico de aquellos caminos, al sol o al calor, generó gratitud entre los productores: “es lo más grato que puede habernos pasado, que nos haya visitado es muy lindo”, dijo Don Ulises Campos; y para Don Rafael Ángel Camacho, “es una sorpresa para nosotros, jamás habíamos pensado que monseñor nos iba a visitar al campo, para nosotros ha sido algo impresionante, que ni siquiera el ministro de agricultura nos ha visitado nunca, mucho menos venir al campo; para nosotros, es algo muy grande”, sentenció.



