La visita del Nuncio Apostólico, Mons. Mark Gerard, a la casa de la Comunidad Cenáculo ubicada en Pacuarito, en terrenos de la Diócesis de San Isidro, fue vivida como un momento de profunda fraternidad y fe. A su llegada, el representante pontificio fue recibido con alegría por los jóvenes que viven su proceso de recuperación y crecimiento espiritual en esta obra eclesial, quienes lo acogieron con gestos de cercanía y gratitud por su presencia.
La Comunidad Cenáculo es una obra fundada en 1983 en Saluzzo, Italia, por la religiosa italiana Madre Elvira Petrozzi. Nació como respuesta al sufrimiento de muchos jóvenes atrapados en las drogas, la soledad y la pérdida del sentido de la vida. Desde una casa abandonada que fue restaurada con la ayuda de los primeros jóvenes acogidos, comenzó un camino que hoy se ha extendido a decenas de fraternidades en diversos países. Su carisma se centra en ofrecer a las personas heridas por la vida una experiencia concreta del amor misericordioso de Dios, proponiendo un estilo de vida sencillo basado en la oración, el trabajo, la amistad sincera y la vida comunitaria.
Durante el encuentro, los jóvenes de la casa compartieron con sencillez y profundidad sus testimonios de vida, relatando los procesos de sanación y conversión que han experimentado en la comunidad. Guiados por el Padre Marco, sacerdote que también es fruto de esta experiencia de fe y recuperación, los jóvenes narraron cómo el camino vivido en el Cenáculo les ha permitido redescubrir la dignidad, la esperanza y el sentido profundo de sus vidas y el valor de sus familias.

Posteriormente, los jóvenes se reunieron en la capilla de la casa para un momento de oración ante el Santísimo Sacramento. Allí rezaron el Santo Rosario, acompañándolo con cantos que unían sus voces en una alabanza sincera a Dios, creando un ambiente de recogimiento y gratitud por la visita y por la obra que se vive diariamente en la comunidad.





