Tras un proceso formativo de más de 5 años, la mañana de este 11 de diciembre del 2021, y mediante la Ordenación Diaconal de siete acólitos, seis de ellos casados, la Diócesis de San Isidro contará con diáconos permanentes. Recordemos que, el diaconado pertenece al ministerio ordenado compuesto por el orden de los obispos, presbíteros y diáconos, según lo señala el Código de Derecho Canónico en su c. 1032; pues, ya desde los comienzos de la Iglesia, el diaconado posee una función ministerial específica, expresada en la misma palabra diákonos, utilizada por el Nuevo Testamento, con el significado de ministro o servidor.
En los Hechos de los Apóstoles los diáconos son instituidos de manera estable y permanente por la imposición de las manos y se les encarga el oficio de administrar los bienes de la comunidad cristiana. En el contexto de la Iglesia primitiva, los diáconos aparecen ejerciendo también el oficio de evangelización y la administración del bautismo. Por su parte, en los escritos de los Padres Apostólicos, el ministerio de los diáconos recibió especial consideración especialmente por Justino, en la Tradición Apostólica de San Hipólito y en la enseñanza de los Apóstoles. Al respecto, es célebre la cita de San Hipólito: “al ordenar a un diácono, sólo el obispo impondrá las manos, porque no es ordenado para el sacerdocio sino para que sirva al obispo, a fin de que haga lo que él le ordene”, como se lee en la Tradición Apostólica, 8.

Así, la Conferencia Episcopal de Costa Rica, aprobó en la reunión extraordinaria del 30 septiembre del 2003, las Normas Básicas para la Formación de los Diáconos Permanentes en las Diócesis de la Provincia Eclesiástica de Costa Rica, y el respectivo plan de estudios para la formación de los diáconos permanentes que fue aprobado en la LXXXVII Asamblea Plenaria entre el 24 y 27 de febrero de 2004; contemporáneo a este proceso, nuestra Diócesis de San Isidro fue desarrollando una creciente y paulatina inquietud respecto al diaconado permanente, que podemos describir en los siguientes pasos.

En el año 2009, se presentó de manera oficial al Consejo Presbiteral la posibilidad de instaurar definitivamente el Diaconado Permanente en la Diócesis, según consta en el acta # 111; dicho Consejo, se manifestó favorable a la institución del diaconado permanente y promovió varias sesiones de reflexión en el ámbito del presbiterio. Así, el 26 de septiembre del año 2009, se efectuó una reunión inicial con personas interesadas, y se empezó a considerar aspectos importantes para establecer su proceso formativo.
Tras varios intentos fallidos, Mons. Fray Gabriel Enrique Montero Umaña, IV Obispo de la Diócesis, continúo los esfuerzos para la consolidación y puesta en marcha del proyecto del diaconado permanente en enero del año 2016, instituyendo una nueva comisión para la reactivación del proyecto, dándose a la tarea de investigar, ordenar y recopilar la información pertinente, nombrando en aquel momento al Diác. Gerardo Jesús Mora Segura como coordinador. Posteriormente, con especial atención en la implementación de un adecuado proceso formativo, fortaleció la comisión de reflexión del proyecto del diaconado permanente con la participación del Pbro. Edgar Orozco Alfaro, Pbro. Oscar Navarro Hernández, Pbro. Eli Quirós López, Pbro. Carlos Canales Barrantes, Pbro. Joaquín Calderón Vargas, Pbro. Froilán Hernández Gutiérrez y Pbro. Fabián Campos Chavarría.

Así, en la situación actual de la diócesis, de frente a grandes retos marcados por el cambio de época vivido en nuestra sociedad y la implementación del actual Plan Diocesano de Evangelización, se estima la experiencia formativa de los diáconos permanentes como una acción del Espíritu Santo en su Iglesia, que la guía y acompañan, y que la ayuda a discernir los caminos para seguir hoy anunciando el Evangelio.



