Este miércoles 30 de abril, como en muchas partes del mundo, también la Diócesis de San Isidro quiso reunirse para encomendar el alma del Papa Francisco en oración a Dios, momento que sirviera para manifestar un eterno gracias por tanto legado, momento para asumir un compromiso de responsabilidad ante sus enseñanzas, momento de oración fiel a Dios por si eterno descanso.
La hora y el día, no fue obstáculo para que cientos de fieles y varios sacerdotes se hicieran presentes en la Iglesia madre de esta Diócesis, quienes con ferviente devoción participaron del momento histórico. En el presbiterio de predominios en tono leve, sobresalía unos cuantos arreglos florales, y entre ellos la simpleza de una fotografía que recordaba la vida humilde del Pontífice que a todos nos enseñó con su vida, sus palabras y gestos.

“Queremos mirar con reverencia el paso de este pastor bueno, este papa de la misericordia, este hombre sencillo que nos habló de Dios con el corazón, que nos recordó, con su propia vida, que la santidad también se puede vivir con una sonrisa y con los pies bien puestos en la tierra”, agregó el prelado.

Estas palabras de la homilía, son palabras que el mundo una y otra vez se ha encargado de evidenciar con anécdotas, recuerdos, momentos vividos, gestos contemplados; porque Francisco, criticado por muchos, poco entendidos por otros, bastó la muerte para que el mundo entero se volcara en caer en cuenta que tuvimos entre nosotros alguien que, se equivocó como humano que es, pero que enseñó con pasión, vivió con mística, y nos retó con amor a asumir el Evangelio sin tapujos ni ropajes de grandeza.

La muerte de Francisco también nos ha puesto a reflexionar en la misión, tarea y esencia de la vida eclesial; por eso, hoy también reconocemos que “Él vivió su pontificado como un envío constante, como una misión confiada por Cristo para anunciar al mundo la vida nueva del Evangelio. Y lo hizo con coraje evangélico. En un mundo que a veces se encierra en sí mismo, Francisco no tuvo miedo de salir a las periferias: geográficas, existenciales, sociales. Habló a los poderosos con franqueza, y se inclinó con ternura ante los pobres. Fue un papa cercano, accesible, humano. Pero también firme en la fe, sólido en la esperanza, apasionado por la justicia”, concretizó Mons. Juan Miguel en su reflexión.




