Este sábado al ser las 10 de la mañana, la Catedral de San Isidro acogió a un buen número representativo de los religiosos que sirven en nuestra Diócesis de San Isidro, celebrando así juntos y en fraternidad el Jubileo Diocesano por los 70 años; su silenciosa y operante presencia, nos recordó el amor y la mística con que sus carismas han contribuido en la distribución del Evangelio en medio de nuestros pueblos.

Con rostro alegre y contageante, el hijo de Don Bosco, como es llamado el santo entre los jóvenes, precisó: “que la Diócesis sienta la presencia de cada uno de nuestros carismas, si pudiéramos resumir el Evangelio de hoy para nosotros los consagrados sería fuerte decir que, Jesús se ha acercado a nuestra barca, a nuestras comunidades, y en medio de las dificultades que hemos tenido, en medio de las dificultades de la misión, de la actividad, de la oración, de la distancia, Él nos viene a decir: no tengan miedo, soy yo”, recordó el P. Betancourt.

Con jocosidad y absoluta llaneza, el sacerdote salesiano expuso cómo el carisma debe dar sabor, “esto no se trata de cantidad, se trata de sabor; la vida consagrada no es de cantidad es de sabor, si usted quiere poner sabor a la comida tiene que ponerle sal pero, no puede ponerle un kilo, no es la cantidad. ¿Será que nuestros carismas están poniéndole sabor a esta diócesis? ¿Será que nosotros desde nuestra realidad estamos poniéndole ese sabor? Es importante hoy que estamos también en los 70 años y estamos pasando este día jubilar para nosotros, replanteemos y veamos a ver […] somos hombres y mujeres de mucho trabajo y de mucha oración, eso no se cuestiona, hemos desgastado nuestras vidas, pero no se trata de un desgaste humano, se trata de un no temer, no temer a ser fermento en esta diócesis”, puntualizó el P. Juan Paul.

Tras la Eucaristía, la Hna. Flor de las Operarias Catequistas quienes tienen su convento en Volcán de Buenos Aires, agradeció a los presentes con sentidas palabras de gratitud y esperanza, “qué bonito que en esta mañana la vida consagrada de nuestra diócesis podamos agradecer este regalo, esta vida dentro de los 70 años en que nuestra diócesis celebra también la vida; la vida consagrada, entiendo yo, es un gran pilar de experiencia de Dios en nuestra Diócesis de San Isidro, por eso, qué mejor que con esta celebración de la Eucaristía para dar gracias […] Ya se nos decía cómo nuestros carismas no mueren porque los fundadores nuestros están detrás, están vivos y están vivos porque Cristo ha resucitado y ha dado sentido a sus vidas; por eso, estamos aquí los diferentes carismas que nos hemos empeñado con la ayuda del Señor y con la acogida de nuestros pastores a seguir dando sabor a esa comida que a veces carece de gusto. Por eso, en los 70 años nos comprometemos como vida consagrada a dar sabor”.





