Con motivo de la celebración de la Presentación del Señor, conocida como la fiesta de la Candelaria, los integrantes de la Vida Consagrada de la Diócesis de San Isidro se reunieron en el Monasterio Padre de las Misericordias para vivir una jornada marcada por la fe, la fraternidad y la acción de gracias. Religiosos y religiosas de diversos carismas participaron de esta celebración diocesana que puso en el centro el signo de la luz y la renovación del don de la consagración al servicio del Pueblo de Dios.

Durante la Eucaristía, el P. Jean Paul Betancur Abrahams pronunció la homilía, destacando el gozo y la belleza del misterio celebrado. Señaló que, aunque María y José presentan al Niño en obediencia a la Ley, en realidad es Dios mismo quien se ofrece y se entrega a la humanidad. En ese Niño, pequeño y frágil, se manifiesta la Luz eterna que viene a iluminar a todos los pueblos y a renovar el corazón de la Iglesia.

La reflexión también puso la mirada en las figuras bíblicas de Simeón y Ana, modelos de espera fiel y perseverante. Ellos representan la vida dedicada a la búsqueda del Señor, que alcanza su plenitud en el encuentro con Cristo. En este sentido, se invitó a los consagrados a renovar ese encuentro fundamental que da sentido a la oración, a la vida comunitaria y al servicio a los más pobres, especialmente en un tiempo marcado por nuevos desafíos e incertidumbres.

La jornada concluyó en un clima de animación fraterna, con el compartir de alimentos y un profundo espíritu de gratitud a Dios por el don de la vocación consagrada. Finalmente, por este medio, la Diócesis de San Isidro expresa su sincero agradecimiento por todo el bien que los religiosos han sembrado a lo largo de la historia de esta Iglesia particular, reconociendo en su testimonio una luz indispensable para el presente y el futuro del caminar diocesano.



