Este sábado 6 de enero, la comunidad de Guanacaste de Ujarrás en el cantón de Buenos Aires de Puntarenas se llenó de alegría al ser testigo de cómo una hija de esta bendita tierra se consagraba mediante votos perpetuos para servir a Dios entre los hermanos más necesitados.

La hija de Aurelio Beita Ríos y doña Toribia Zuñiga Villanueva contó a Radio Sinaí que, para ella, esta celebración es entendida como “acción de gracias y motivación, porque para Dios nada es imposible; es la manifestación de un Dios cercano con su pueblo escogido, amado por Él, una celebración única en la vida, de votos perpetuos”.

La vocación de esta joven bonaerense, “nace a los siete u ocho años, estando en el grupo de Infancia Misionera, sentí el deseo de ser misionera, pero luego entendí que la misión se inicia en la casa, en la comunidad, escuela y colegio. Allí quedó ese inicio. Estando ya a la edad de catorce años, en mi preparación para la confirmación, seguí preguntándome: Si Dios me dio todo, en especial la vida, que no es mía. Un día Él me preguntara: ¿qué hiciste con eso? Por eso a los quince años, con el sacramento de la Confirmación, inicié cómo catequista de mi comunidad Guanacaste de Ujarrás, y allí fortalecí mi vocación durante siete años”, recordó la religiosa Beita Zúñiga.

Como todo vocacionado, discernir y responder a la vocación no fue fácil, uno de sus retos según nos compartió la Hna. Sonia era: “cómo contaré esos a mis padres, si ellos no conocen bien qué es la vida religiosa, y nuestra formación familiar gira en torno a que más adelante se forme un hogar […] Había dudas, temores, miedos, inseguridad. En medio de mi fuerza humana sentía que hay luz: Juan 14, 6 Yo soy el camino, la verdad y la vida, y 1 Juan 4, 19 Él nos amó primero”.

Y agrega, “seguí buscando y confiando mis inquietudes a los sacerdotes de mi parroquia, en silencio y confianza, visitas al santísimo. Que sea Él quien se encargue de que pueda decidir y así iniciar mi experiencia de conocer la comunidad religiosa. Fue gracias al párroco en ese tiempo, el P. Giovanni Herrera Vargas quien me llevó donde las Hermanas Misioneras de María Inmaculada y Santa Catalina de Sena, conocidas como las Lauritas. Por eso mi lema: Llevamos este tesoro en vasijas de barro como dice 2 Corintios 4, 7, me identifico como la vasija de barro desde lo que soy como indígena cabecar y el tesoro es la vocación como don de Dios. Así consagrarme a ese Dios que me amó, me ama y me seguirá amando”, precisó.




