Con ocasión de los 69 años de existencia de Radio Sinaí, Mons. Juan Miguel Castro Rojas se unió a esta celebración con la Eucaristía que presidió en la Iglesia Catedral de San Isidro, momento oportuno que sirvió para agradecer a Dios por los dones que ha concedido por medio de esta emisora, como medio de evangelización, a nuestra Diócesis y, a más allá de sus fronteras. Así mismo, preparó un sentido mensaje que compartió con el personal de la emisora, y en donde expresó el sentido de ésta para la Iglesia, y el valor de su presencia a lo largo de las décadas. Hoy damos gracias a Dios por los 69 años de vida de Radio Sinaí, una historia que no puede contarse solamente con fechas, equipos de transmisión o programas radiales. Es una historia de evangelización, de servicio y de presencia de la Iglesia en la vida cotidiana de miles de personas.
La Palabra de Dios en los Hechos de los Apóstoles 11, 21-26 dice: “la mano del Señor estaba con ellos”, y por eso muchos creyeron y se convirtieron al Señor. Esa expresión puede resumir también estos 69 años de Radio Sinaí: la mano del Señor ha estado con esta obra evangelizadora, porque humanamente es difícil explicar cómo una emisora diocesana ha podido mantenerse durante tantas décadas anunciando el Evangelio, acompañando a las familias, transmitiendo celebraciones, formando conciencias y llevando esperanza a tantos hogares.

Ese mismo texto de los Hechos, nos dice que Bernabé, al llegar a Antioquía, “vio la gracia de Dios y se alegró”. Qué hermoso sería que hoy pudiéramos hacer ese mismo ejercicio espiritual: mirar la historia de Radio Sinaí y reconocer la gracia de Dios actuando. La gracia de Dios en aquella persona enferma que encontró consuelo escuchando una transmisión. La gracia de Dios en quien volvió a la fe gracias a una reflexión escuchada por la radio. La gracia de Dios en las comunidades más alejadas que pudieron sentirse parte de la vida diocesana. La gracia de Dios en tantas familias que han comenzado el día con una oración transmitida por esta emisora.

La radio diocesana no está llamada simplemente a transmitir información religiosa. Está llamada a transmitir el corazón mismo de Cristo. Y el corazón de Cristo siempre busca reconciliar, sanar, acercar y unir. Por eso hoy damos gracias por todos los que han hecho posible esta misión. Por quienes estuvieron desde los inicios soñando una radio al servicio de la evangelización. Por quienes hoy siguen sosteniendo esta obra con esfuerzo, creatividad y sacrificio. Por los oyentes fieles que forman parte de esta gran familia.

Hoy la misión continúa. Los desafíos son nuevos. Los lenguajes cambian. Las tecnologías avanzan. Pero la tarea sigue siendo la misma: anunciar a Jesucristo. Como en Antioquía, la Iglesia sigue necesitando hombres y mujeres que sepan comunicar la Buena Noticia con alegría y fidelidad. Como en los tiempos apostólicos, la mano del Señor sigue acompañando a quienes se ponen al servicio del Evangelio.




