La mañana de este sábado 13 de septiembre, la iglesia Catedral de San Isidro se engalanó con la presencia del Pueblo de Dios, que en esta ocasión elevó la plegaria en favor de las vocaciones, y de manera especial por el joven sancarlaño Jason Albán Ulate Benavides quien fue ordenado presbítero para nuestra Diócesis de San Isidro.

Su camino vocacional está marcado por los estudios eclesiásticos realizados en el Seminario Nacional Nuestra Señora de Los Ángeles entre los años 2015 al 2023 donde obtuvo el bachiller en Filosofía-Humanidades y Teología. Incardinado a la Diócesis de San Isidro, fue ordenado diácono el pasado 22 de marzo del 2025 en el Santuario Diocesano a Nuestra Señora de la Cueva Santa en Santa María de Dota.

Con la imagen del Buen Pastor en el Evangelio, el prelado continúo: Albán, hoy el Señor te configura con este Pastor. Eso significa que tu sacerdocio no puede vivirse a medias: tendrás que gastar la vida por las ovejas, sin reservarte nada. Serás pastor en la entrega cotidiana: en el confesionario, en la Eucaristía, en la visita a los enfermos, en la misión con los más alejados. El Buen Pastor no huye cuando vienen los lobos, no abandona a la oveja perdida. Así será tu vida: firme en la verdad, paciente en la espera, generoso en el sacrificio”.

Por su parte, este domingo, el Pbro. Jason Albán presidió la primera misa al ser las 10:00 am en el templo parroquial de Santa María de Dota, Santuario de Nuestra Señora de la Cueva Santa; celebración donde el pueblo mariense se congregó para agradecer a Dios por el don del sacerdocio, de este joven que hace algunos meses recibieron, y que hoy, con gozo miraron elevar la oración sagrada en favor del Pueblo santo de Dios.

Y refiriéndose a una oración del rito de ordenación, prosiguió: “considera hasta el último momento de tu existencia terrena que, por el sacramento del Orden, posees el mismo sacerdocio de Jesucristo. Considera una y otra vez que por la gracia sacerdotal que has recibido, Jesucristo mismo actuará a través de tu ministerio. Con la ayuda de la gracia que te fue conferida en la sagrada Ordenación, esfuérzate por imitar lo que conmemoras, y lo que conmemoras no es otra cosa que el mismo sacrificio de Cristo en la Cruz, que se actualiza en el Altar”.




