Este domingo 27 de octubre, el Centro Don Bosco, como todos los domingos, se llenó de vida, color y esperanza mediante la presencia de cientos de salesianos, niños, jóvenes y adultos que, engalanaron la llamada Casa de la Alegría.
Una tarde soleada, con presencia de una ligera llovizna cual bendición del cielo, era el marco de llegada para propios y vecinos que tras el paso de cada minuto abarrotaban las instalaciones, y bastó tan sólo dar unos pasos al interno de aquel recinto, para sentir el calor y la fraternidad de los seguidores del santo Bosco.
Estando al punto todo lo preparado para aquel especial encuentro, dio inicio una alegre Eucaristía, que ya el canto introducía; y minutos más tarde, el mismo P. Jean Paul Bethancourt Abrahams, destacado en esta Casa, dio su particular recibimiento a quienes estábamos de visita, haciéndolo de tal manera que de inmediato nos hicieron sentir en casa.

“Cuando gritamos al Señor, cuando le oramos con palabras salidas de lo más hondo de nuestro corazón, Jesús se detiene, Jesús nos escucha, Jesús nos acoge”, puntualizó el Obispo Castro. Ante esta actitud de Dios, nosotros como el ciego, lo primero que debemos hacer es “dejar el manto, así nos dice la Palabra, deja el manto tirado, el manto es signo de seguridad, es donde le depositaban las contribuciones que él pedía, es con el que se cubría del frío que podía pasar, él deja a un lado su seguridad, porque para irse a encontrar con Jesús es necesario dejar la vida pasada, ese manto signo de la vida pasada”.

Finalmente, casi al concluir la misa, se vivió un emotivo momento, cuando el prelado procedió a bendecir la imagen de San Juan Bosco, padre de la juventud y que, desde ahora, gracias a la donación de un benefactor anónimo, presidirá los encuentros y acompañará como el feliz recuerdo de quien alcanzó la santidad entre los jóvenes de su tiempo, y que nos interpela hoy a nosotros a seguir dejando huella.





