La mañana de este Jueves Santo, como se ha hecho los últimos años, fieles y pastores se han congregado en la Iglesia Catedral de San Isidro para vivir con gozo la celebración anual de la Misa Crismal, donde tiene ocasión la renovación de las promesas sacerdotales y la bendición de los óleos que serán usados para administrar los sacramentos.

Durante la homilía, Mons. Juan Miguel Castro Rojas, Obispo Diocesano de San Isidro, dirigió un sentido mensaje a los sacerdotes, “es el día del sacerdocio. El día de la fidelidad de Dios. El día para renovar nuestra unción y nuestra entrega […] Esta unción no fue para nosotros mismos, sino para los demás. Fuiste ungido para consolar al que llora, para levantar al caído, para sanar corazones heridos, para anunciar el año de gracia del Señor. ¡Qué noble y qué exigente es nuestra vocación! Somos instrumentos de Cristo, mediadores entre Dios y los hombres, pastores con olor a oveja, servidores de una humanidad muchas veces rota, solitaria, hambrienta de amor y de verdad”, precisó el prelado.

Y ante la misión que siempre espera a los sacerdotes en medio de la sociedad, animó a seguir siendo testigos del amor, “el sacerdocio no es un título ni un privilegio. Es una respuesta humilde al amor de Aquel que dio la vida por nosotros. Nos ha lavado con su sangre, nos ha revestido con su gracia, nos ha hecho partícipes de su misión redentora. Por eso, hoy no solo bendecimos óleos. Hoy recordamos nuestra unción, renovamos nuestras promesas sacerdotales y volvemos a decirle al Señor con todo el corazón: Aquí estoy, envíame”, dijo el prelado.





