En el tercer día de novena a San Isidro Labrador nos hemos trasladado hasta Agua Buena de Coto Brus, donde se tuvo un constante compartir con productores y campesinos, a quienes Mons. Juan Miguel Castro Rojas bendijo y animó a seguir adelante, valorándoles las labores diarias que realizan porque son ellos quienes nos dan de comer.

Posteriormente, el obispo se reunió al descampado con fieles y vecinos de esta comunidad, y a la ribera del camino en plena finca, compartió un desayuno campesino, para luego en el mismo clima acogedor y jocoso poder entablar un diálogo ameno en donde les contó a este más de medio centenar de personas, sobre sus raíces campesinas y su alegría por compartir con ellos. Ahí, hortalizas, frutas, animales, tierras, sueños e ilusiones fueron puestas en oración ante el Señor, así como los esfuerzos y luchas, pidiendo a Dios buenos precios y alegrándose por saber que pueden ubicar sus productos en el mercado local.

Para medio día, se viajó hasta la Finca Amigos del Ambiente, donde fue recibido por vecinos del sector de Bello Oriente; ahí, el Obispo tras saludar a los presentes, compartió parte de su historia vocacional y familiar mostrando cercanía de pastor y padre. Entre los productos del campo que ahí fueron presentados y ya conocidos por ser característicos de la zona, destacó la producción de árboles maderables para la reforestación, donando unidades de estas especies para que se distribuyan en la zona con la intención de formar un corredor biológico entre los parques de La Amistad y Corcovado.

En la Eucaristía, actividad de cierre de este tercer día, el Obispo dijo: hemos visto cómo a través de los años nuestros hermanos campesinos han sido los constructores de nuestras comunidades. Ellos son los forjadores de nuestro presente y futuro. Ellos son de quienes han salido los agricultores y vaqueros que enriquecen nuestras tierras y pululan por las sabanas y montañas, costas y riberas, para darnos grandes enseñanzas relacionadas con la bondad de Dios».

Ante esto, y guiados por el tema del día tercero de la novena, «como Iglesia con un corazón alegre estamos llamados a construir, con nuestros hermanos campesinos comunidades prósperas, alegres y comprometidas con la tierra, el agua; que no haya explotación ni exclusión de quienes viven entre los escenarios más naturales de nuestra Diócesis. Estamos llamados a defenderlos. No podemos callar cuando son discriminados y manipulados con intereses contrarios a la voluntad de Dios […] No es lícito ante los ojos del Señor cuando se deshumaniza a un ser humano y menos a los predilectos del Señor», finalizó.




